¿Qué tipo de padre quieres ser?

 

La relación con nuestro hijo empieza desde el primer día. No esperes a que sea un adolescente para decidir que tienes que entenderte mejor con él.

Hay una razón para todas y cada una de las cosas que hace un bebé, si las comprendes, si comprendes sus necesidades, disfrutarás más del tiempo que le dediques y estarás mejor enfocado a potenciar su desarrollo en lugar de sentirte agotado y pensar: “el niño no para quieto”. Y lo más importante …

Comprender cómo crece y se desarrolla el bebé y comprender porqué hace las cosas que hace, conlleva sentir más respeto por el bebé. Cuando el respeto aumenta, también aumenta el amor.

Ser padres de un bebé

El bebé tiene unas necesidades, un imperativo neurológico que le pide grandes dosis de movimiento al día para asegurar su desarrollo intelectual y físico. Esas necesidades son del estilo: “hoy tengo que gatear 100 metros, o tengo que andar 1 km, aunque sea dando vueltas por la casa, tengo que dar 300 volteretas en el sofá, tengo que aprender una palabra por cada cosa que vea (¿qué es esto? ¿cómo se llama?…), tengo que tocar, probar, oler y coger con mi mano todas las cosas que vea por lo menos una vez…”

Como ves su agenda está muy ocupada. Que pueda hacer todo esto cada día es muy importante y el bebé lo sabe. Hay una razón para todas y cada una de las cosas que hace el bebé: las necesita para desarrollar su potencial y sobrevivir.

Que las haga de forma fácil y divertida no significa que sean poco importantes, significa que está haciendo lo que le pide su naturaleza y está experimentando la alegría del descubrimiento y la creatividad.

Para el bebé, aprender es una cuestión de supervivencia, siempre lo ha sido y lo seguirá siendo.

Como padres, podemos interpretar todo lo que hace nuestro bebé de dos maneras muy distintas, lo que nos lleva a dos tipos de padres:

Tipo de padre que “no deja hacer nada”: Ve todo lo que hace el bebé o el niño como un entorpecimiento de la vida adulta de la casa. Ejemplos:

  • “no toques eso, lo vas a romper”, pero el bebé necesita tocarlo para aprender más.
  • “calla, estás interrumpiendo”, pero el niño siente: “necesito hablar, estoy desesperado por hablar”
  • “sube al cochecito”, pero el niño siente: “quiero andar y correr, ¡¡¡lo necesito mamá!!!”

Tener esta visión de las cosas que hace tu hijo, lleva a ser del tipo de padre “que no deja hacer nada”. Este tipo de padre se distancia del pequeño porque éste entorpece la vida adulta, se bloquea porque el niño “se comporta como un bebé”. A este tipo de padres cada vez les resulta más pesado “aguantar” al niño y pasan menos tiempo con él, lo llevan más tiempo a la guardería o lo dejan con cuidadores (no me refiero a los casos en que no hay más remedio).

En definitiva, este tipo de padre no comprende las necesidades del bebé y, cuando está con él, dedica todo el tiempo y las energías en intentar que deje de hacer lo que su pequeño quiere o necesita hacer. Resultado: el padre se agota y, lo peor de todo, entorpece el desarrollo del niño que, irónicamente, es de lo que más quiere en este mundo. No es ninguna nimiedad, más bien es una tragedia.

Y aquí no acaba todo, porque se adquiere la dinámica de quejarse sin parar por todo lo que hace el bebé, y después el niño… y después el adolescente.

Es decir, la dinámica del quejarse por todo se convierte en la base del escenario en el que se desarrollará su relación en los próximos años, quiza siempre…

Pero recapitulemos, cómo estamos a tiempo (nuestro hijo siempre nos dará una oportunidad) te propongo que pongas todo de tu parte para que no te conviertas en este tipo de padre.

A continuación tienes el otro tipo de padre:

Tipo de padre que se une al bebé: interpreta todo lo que hace el bebé como oportunidades para el desarrollo de su potencial. Con esta interpretación, la visión del padre cambia completamente. Este tipo de padre progresa cada vez más ayudando al bebé a aprender en todos los momentos del día y comprende que el papel que desempeña en la vida de su hijo es crucial. Respeta más al bebé y crece el amor y las ganas de estar con él. Porque el bebé, para satisfacer sus necesidades, tiene que contar con la supervisión y la participación de sus padres y, por descontado, necesita de su respeto y amor.

Así pues, la disyuntiva es clara y marcará la relación con nuestro hijo tal vez para siempre:

¿Nos unimos a él o nos interponemos en su camino?

Piensa en ello, ¿qué tipo de padre quieres ser?

 

Por tu felicidad y la de tu hijo,

Nuria Ferres